El título de este artículo puede sonar muy ambicioso. Un niño o adolescente debe estar enfocado en jugar, divertirse, descubrirse… Pero también es cierto que, ante la abrumadora realidad y la infinita oferta de oportunidades con la que viven, echarles una manita como papá para encontrar su propósito, no está de más.
Veamos, en siglos anteriores, la vida era más simple para los jóvenes. No necesariamente mejor, claro, pero sí mucho más simple.
Sabías dónde ibas a vivir el resto de tu vida, qué ibas a hacer y tenías una muy buena idea de con quién te casarías. Les dieron sentido y propósito en su vida, así como cuando un nuevo empleado es instruido sobre los procesos y el código de ética en su primer día de trabajo.
Esta falta de opciones debió ser algo asfixiante, pero era muy clara. En estos días, los niños tienen opciones ilimitadas, pero las respuestas están lejos de ser claras. Un mundo con tan sofocante falta de oportunidades se ha convertido en una inundación paralizante de posibilidades.
Creamos un vacío que necesitamos llenar. No por nada los niveles de ansiedad y depresión resultan mucho más altos entre los jóvenes en estos días, pues no tienen idea de lo que quieren.
Hay una completa falta de aspiraciones
Échale ojo a esta cita del libro The Path to Purpose de Willian Damon:
En nuestras entrevistas y encuestas, solo uno de cada cinco jóvenes en el rango de edades de 12 a 22 años expresa una visión clara de a dónde quieren ir, qué quieren lograr en la vida y por qué. La mayor parte de los entrevistados –casi el 60%–, puede haber participado en algunas actividades potencialmente útiles o haber desarrollado algunas vagas aspiraciones; pero no tienen ningún compromiso real con tales actividades ni planes realistas para perseguir sus aspiraciones. La porción restante de la población juvenil actual, casi una cuarta parte de los entrevistados en el primero de nuestros estudios, no expresa ninguna aspiración. En algunos casos, afirman que no tienen sentido adquirir ninguno.
Si bien estas cifras son de una realidad estadounidense, sirven mucho como panorama general del sentir generalizado de los jóvenes a nivel global.
Los padres claro que intentan ayudar, pero sus sugerencias son soluciones relativamente a corto plazo, y, por lo general aumentan aún más el vertiginoso número de oportunidades. Puras tácticas, pero nada de estrategia.
Sacar buenas notas en la escuela. ¿Por qué? Para entrar en una buena universidad. ¿Para qué? Para obtener un buen trabajo. ¿Por qué? mmmh… ¿para que no te mueras de hambre?
Todo conduce a «no morirte de hambre». Tu propósito en la vida es «no ser pobre». Les pedimos a los niños que hagan muchas cosas para ingresar a la universidad, pero no les damos idea de lo que deberían hacer una vez que asisten a ella.
Actuamos como si el propósito fuera la parte fácil. Como si las opciones ilimitadas hicieran las cosas más sencillas. Y no necesitas pensarlo mucho, basta reflexionar centésimas de segundo sobre nuestras propias vidas para darnos cuenta de lo falso que esto resulta.
No se están integrando a la vida adulta
Pero, ¿qué pasaría si un niño tuviera un objetivo y luego fuera a la universidad con ese propósito en mente, tomando clases para prepararse para lograrlo, pensando: «Esto es lo que debo hacer para cumplir mi sueño». Ese cambio de chip cobra un menor sentido. No obstante, lo que decimos normalmente es «Que obtenga el título y ya después descubrirá para qué le funciona.

Lo que está sucediendo es que no se integran a la vida adulta. Retrasan ser cónyuge, padre, ciudadano o trabajador. Y, a menudo, después de graduarse de la universidad, simplemente regresan a casa, mejor educados pero muy lejos de estar seguros de lo que quieren hacer con su vida.
Otros no terminan, van de carrera en carrera o terminan siendo subempleados. Esto es un tema difícil para el mundo en general, pero más para los niños, lo que hace que la felicidad y el éxito sean mucho más difíciles de obtener.
Debemos hacerles las preguntas adecuadas
Solemos pedirle a los niños que respondan: «¿En qué quieres especializarte?» pero no «¿Qué tipo de persona quieres ser?» Es la pregunta que realmente forja una identidad, que produce el tipo de impulso hacia adelante y que conduce a una satisfacción vital duradera.
Una persona que mejore el mundo. Una que sirva a otros. Uno que vea por la justicia. Una que construya una comunidad. O, ¿por qué no, simplemente que quiera una familia feliz? Un verdadero propósito. Una dirección que indique hacia dónde correr, y no una que sea para huir de las cosas. Una visión para el futuro en lugar de una que te lleve sólo a «no morir de hambre».
Muchos jóvenes de hoy están a la deriva, llenos de dudas y ansiedad. Irónicamente, ojo, a menudo son los niños con calificaciones sobresalientes en la escuela los más afectados. No están viviendo la vida feliz que sus padres deseaban para ellos; más bien van a contrarreloj hacia una crisis de mediana edad. O mejor dicho, una crisis de la mediana edad que comienza temprano y nunca acaba.
En conclusión, necesitan de nuestra ayuda. ¿Asi que qué hacemos?
William Damon es profesor de la Universidad de Stanford y director del Centro de Stanford sobre Adolescencia. En su libro The Path to Purpose: How Young People Find Their Calling in Life (de donde provienen las citas que estamos tomando) podemos encontrar respuestas simples a grandes interrogantes.
«Propósito»: una palabra aterradora
A todo el mundo le encantan palabras como «propósito», pero nadie te dice lo que significan. Comencemos por ahí.
Cita del libro: El propósito es una intención estable y generalizada de lograr algo que sea al mismo tiempo significativo para el ser y consecuente para el mundo más allá del ser.
No todos los niños tienen que dedicar su vida a prevenir la propagación de la malaria, por ejemplo. No todos necesitamos que sea nuestro destino curar el cáncer. El propósito puede provenir de cosas simples y familiares para nosotros, como criar hijos maravillosos. Y el propósito de uno puede cambiar con el tiempo.
Puedes tener más de uno. No tiene que ser un mito monolítico de una conquista épica. Es un principio que te organiza, te provee de energía y es unificador de tu vida, el cual nos da sentido y motivación.
El propósito no necesita estar al nivel de devolver el anillo a Mordor o destruir la Estrella de la Muerte y salvar el universo, solo tiene que tener un significado muy fuerte para ti.

Y cuando los jóvenes tienen un destino, las decisiones correctas a lo largo del viaje se vuelven más claras. Sin un propósito, ser un buen niño en la vida puede parecer una lista arbitraria de cosas para hacer y no hacer. Con propósito, hacer lo correcto es claro porque está al servicio de un objetivo mayor.
Va otra cita:
«Una vez que un joven ha emprendido una búsqueda decidida, su personalidad comienza a transformarse por las actividades y eventos que esta búsqueda implica. Por necesidad, el joven adquiere capacidades como el ingenio, la persistencia, el conocimiento y la tolerancia al riesgo y los contratiempos temporales… Las virtudes del carácter como la diligencia, la responsabilidad, la confianza y la humildad obtienen un impulso de la experiencia de comprometerse con un propósito desafiante y lograrlo. Además, las alfabetizaciones de todo tipo (verbales, matemáticas, culturales) se desarrollan de manera que se extienden mucho más allá de lo aprendido previamente en el hogar o en el aula del joven. «
El propósito desarrolla rasgos y cualidades que pueden beneficiarlos en todas las áreas de la vida a medida que luchan por llegar a donde quieren ir. La devoción se convierte en ingenio. El ingenio se convierte en logro. El logro se convierte en autoconfianza. La autoconfianza se convierte en resiliencia.
Los niños se exponen a toneladas de métodos para salir adelante. Pero lo que necesitan ahora son razones. Y cuando tienes una razón, los métodos son la parte fácil.
Manos a la obra
Después de leer todo esto, habrá más de un papá que esté pensando: «Muy bien, ¿cómo uso esto para conducir a mi hijo hacia la escuela de derecho?»
Esa es una perspectiva errónea. Estás haciendo un gran trabajo de liderazgo. El problema es que no eres el líder aquí… Eres el seguidor. Y una vez que te das cuenta de eso, la tarea se vuelve mucho más sencilla.
Hay casi dos reglas en el universo, una involucra la entropía en el ámbito de la física y la otra es que es casi imposible lograr que los niños hagan lo que les dices. Hacer que hagan los quehaceres es bastante difícil. ¿Pero lograr que sigan su visión del propósito de su vida? Buena suerte con eso. Avísame cómo te va. Mientras, aquí unos consejos:
1) Aviva la llama
Tú no eres el líder. Eres el seguidor. No creas pasión en tus hijos como padre. Los expones a cosas nuevas. Te das cuenta de dónde se entrelaza el diagrama de Venn entre lo que responden y lo que apruebas. Una vez que lo detectas, entonces sí, alimentas eso.

Cita:
Una de las cosas más importantes que los padres deben apreciar es que no deben tratar de inculcar directamente un propósito en un niño. Un padre no puede realizar la tarea de identificar un propósito para un niño, como tampoco puede elegir su personalidad o escribirle un guión para su vida. Lo que sí puede hacer un papá es presentarle opciones. También puede guiarlo a reflexionar sobre el valor personal y social de estas opciones, y sobre cómo formular planes realistas para llevarlas a cabo. Y lo más importante: como padre puedes hacer el mayor de los bienes al apoyar las elecciones que ha tomado el niño.
Todo niño tiene intereses. Comienza a notarlo. Sea de mente abierta y de apoyo. Escucha. Sé una caja de resonancia. No juzgues, aliéntalo. Aviva la llama.
No es muy difícil lograr que los jóvenes hablen de lo que les apasiona. Sé un entrenador socrático, dibuja sus pensamientos y ayuda a entretejerlos lentamente en los próximos pasos y planes.
Aprovecha las oportunidades orgánicas para abrir un diálogo. Cuando llegue la noticia, pregúntales a tus hijos qué piensan sobre los problemas, sobre lo que está bien y lo que está mal, sobre lo que es importante y lo que no. Comienza despacio al principio, pero puedes acercarte cada vez más hacia temas más profundos, como:
¿Qué es lo más importante para ti en la vida? ¿Por qué te importan esas cosas? ¿Qué significa tener una buena vida? ¿Qué significa ser una buena persona?
Tu misión, si eliges aceptarla, es ayudarlos a explorar posibilidades y derivar metas de los instintos que ya sienten. Sí, algunos resultarán callejones sin salida. Algunos se desvanecerán o cambiarán. Son niños, todavía están aprendiendo Pero es un excelente comienzo.
Y hay una recompensa para ti. Los padres dicen que quieren estar más cerca de sus hijos, pero generalmente no tienen idea de cómo acercarse. Hacer que se sientan seguros cuando te hablan sobre sus sueños es un punto de partida bastante sorprendente para una relación más profunda.
Bien, estás presentando posibilidades, escuchando y alentando. Eso es un gran paso. Vamos al segundo punto.
2) Transmite el significado que obtienes de tu trabajo
La mayoría de los papás, sin darse cuenta, hacen un excelente trabajo al transmitir que el trabajo es necesario pero no algo de lo que quieras presumir. Son muy pocos quienes no nos quejamos de nuestros trabajos.
Si el trabajo es «lo horrible que uno debe hacer para poder hacer las cosas que quiere hacer», entonces no habrá joven que busque el propósito allí. Lo que harán será encontrar refugio en su habitación con la satisfacción de jugar Call of Duty o cualquier otro pasatiempo.
Habla con tu hijos sobre el propósito y el significado que obtienes de tu trabajo. Los niños necesitan entender qué es lo que haces y que cumple un sentido personal de propósito, no sólo es un medio para pagar las cuentas.

¿Qué te hace sentir bien con tu trabajo? ¿Qué te enorgullece de lo que haces? Repito, no tienes que estar curando el cáncer. ¿Cómo es que lo que haces, aunque sea de una manera insignificante, hace del mundo un lugar mejor, o contribuye al bien común o simplemente hace feliz a alguien más? Tomarse el tiempo para pensar esto no sólo le dará a tus hijos un modelo para encontrar su propósito. Puede provocar que el hecho de levantarse para trabajar mañana sea mucho más fácil.
Ahora bien, ¿cómo les ayudamos a emprender el camino? ¿Cómo ayuda mamá pájaro a esos pajaritos a extender sus alas y volar?
3) Preséntalos con los mentores
La escuela no prepara a los niños para los aspectos prácticos de la vida. La clase de historia podrá enseñarles sobre lo que los líderes políticos han logrado, pero no sobre los pormenores de cómo dirigir un golpe de estado efectivo: para eso están los padres.
Una vez que los niños tienen una idea de lo que les apasiona, necesitan de tu ayuda para navegar por el mundo para aprender más y ver cómo llegar del punto A al punto B. Y, muy probablemente, su área de interés no es necesariamente algo en lo que seas experto. Pero aún así puedes ofrecer apoyo práctico al conectarlos con mentores.
Es posible que no puedas explicarles cómo es ser un cirujano, pero tu amigo el médico sí puede.
Esto te puede sonar a una simple «buena idea», pero va más allá de eso. En el estudio de Damon sobre los jóvenes, descubrió una cantidad de niños que tenían un gran propósito. No es que la mayoría tuviera mentores fuera del hogar. No … Todos ellos. Cada uno de ellos.
Hasta ahora les has dado a los niños toneladas de aportes y estímulos externos. ¿Pero qué pasa internamente? ¿Qué perspectiva necesitan tener?
4) Fomenta una actitud emprendedora
Emprendedor no tiene nada que ver con «negocios» aquí. Estamos hablando de ingenio y laboriosidad, lo que Damon llama una «orientación general en la vida que promueve todo tipo de logros, que van desde la caridad hasta los negocios«.
Sorprendentemente, pocos de los niños altamente decididos del estudio de Damon eran estudiantes con las más altas calificaciones en sus escuelas, pero todos obtuvieron puntajes altos en términos de ingenio empresarial y empuje.

Va una última cita:
Cultivar un espíritu emprendedor significa alentar las siguientes actitudes o disposiciones: (1) La capacidad de establecer objetivos claros y hacer planes realistas para lograrlos; (2) una actitud optimista y positiva; (3) persistencia frente a obstáculos y dificultades; (4) una tolerancia —o más, incluso un apetito— por el riesgo; (5) resiliencia ante el fracaso; (6) determinación para lograr resultados medibles; y (7) ingenio e inventiva para idear los medios para lograr esos resultados.
Es una tarea difícil, pero comienza con alentar a los niños a asumir desafíos y riesgos saludables. Hay cambiar el valor predeterminado de «defensiva» a «ofensiva».
Como padre, debes ser el seguidor cuando se trata de un propósito, tu hijo debe ser el líder. Se trata de alentar lentamente y con prudencia una actitud de: «ándale, hazlo y ve qué sucede». Aprende de los resultados. Inténtalo de nuevo».
Esto enseña a los niños a resolver problemas y prosperar ante los desafíos en lugar de huir de él. Ser emprendedor y no alguien que espera a tener permiso. Permiso que, a menudo, nunca llega.
La mayoría de la paternidad dice «no», y por una buena razón. Los niños pequeños son bastante ingeniosos para encontrar métodos nuevos e interesantes que los pone en peligro. Pero al final, tendrán que tomar las riendas de su vida, por lo que esta es una transición esencial que necesita orientación por parte de sus padres.
Los niños deben desarrollar la idea de: «Tengo poder, pero debo usarlo sabiamente porque está al servicio de algo mayor».
Enseñamos a los niños a ser responsables y esperamos que encuentren un propósito. Pero al inculcar un propósito, lo que suele suceder es que terminamos con niños responsables como efecto secundario.






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