La manera en que externamos -o nos guardamos- nuestras emociones depende mucho de la manera en que fuimos criados. Esta forma de gestionar las emociones toma mucha relevancia al momento de ser nosotros quien transmitamos eso a nuestros hijos, por eso vale la pena hacerse esta serie de preguntas en torno a nuestra inteligencia emocional y la que queremos para nuestros pequeños.

¿Cuál es el papel de nuestra infancia?

La forma en que fuimos criados, el apego que tuvimos con quien nos crió y la capacidad de nuestros padres para regular sus propias emociones pueden influir en cómo aprendemos a regular y gestionar nuestras emociones.

Por ejemplo: si nos dijeron que ocultáramos las emociones, que no lloráramos, o bien, si nuestros padres fueron un modelo de interiorización, es posible que hayamos aprendido a interiorizar o internalizar las emociones.

¿Cómo te han educado?

Crianza autoritaria: Este estilo se centra en establecer límites y reglas y no tiene mucho del aspecto cálido y afectuoso de la crianza.

Crianza con autoridad: Se trata de una mezcla de respuestas cálidas/sensibles a nuestras emociones y comportamientos, equilibradas con límites –¡porque los límites son importantes!

Cada estilo influye en la forma en que el niño aprende a manejar sus emociones.

¿Cómo gestionaban tus padres sus emociones?

Según el modelo tripartita de socialización parental de las emociones, son tres los factores que más influyen en cómo nuestros hijos aprenden a gestionar las emociones.

  1. Cómo modelamos y gestionamos las nuestras
  2. Su estilo de crianza
  3. La relación que vemos dentro de nuestro hogar (¿cómo gestionan las emociones durante las discusiones?)

¿Regulación de las emociones VS desregulación?

Tener control no sólo sobre cómo y cuándo, sino también sobre la intensidad y la valencia positiva/negativa con la que se sienten, experimentan y expresan las emociones.

El deterioro de la capacidad para regular o tolerar las emociones negativas se conoce como desregulación de las emociones.
Fuente: Dvir et al. 2013. Revista Havard de Psicología

¿En qué se traduce la interiorización?

  • No expresar las emociones
  • Complacer a la gente
  • Quejas somáticas (dolores de estómago/problemas digestivos)
  • Problemas de atención
  • Rumiación
  • Autoinculpación

Los niños que interiorizan las emociones pueden sentir que no pueden expresarlas y pueden quejarse de dolores de estómago, parecer retraídos o querer complacer a la gente todo el tiempo.

La infancia influye mucho en la gestión de nuestras emociones

¿Como se refleja la exteriorización?

  • Delincuencia
  • Agresividad
  • Comportamientos desordenados
  • Hiperactividad

Los niños que exteriorizan las emociones pueden parecer que actúan, que no obedecen y que son agresivos. Aprender a controlar las emociones incluye también la hiperactividad.
*No es que internalizar o externalizar sea todo «malo», pero pueden afectar a nuestras relaciones si no hay un equilibrio.

¿Por qué deberíamos tomarnos un momento para identificar cómo gestionamos nuestras emociones?

Nuestros hijos aprenden a gestionar sus emociones según nuestro modelo. Si nosotros, por ejemplo, interiorizamos las emociones y nos sentimos incómodos con las emociones negativas, podríamos evitar la confrontación con nuestros hijos y alejarnos de los berrinches.

Si, por ejemplo, externalizamos las emociones, podemos arremeter más y gritar cuando experimentamos emociones negativas. Esto modelará formas más agresivas de gestionar las emociones.

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